Asociación Progreso Inmunología

Presidente Prof. José Peña

COVI-19, Alimentación y Sistema Inmune

posted by: Prof. José Peña
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COVID-19, alimentación y Sistema Inmune.                                                                     

Existen datos indicativos de que  la dieta que se está  siguiendo durante la pandemia COVID-19, no es la mejor por presentar deficiencias en nutrientes saludables y exceso en los no saludables. Pero lo grave es que este problema viene a sumarse a las deficiencias nutricionales arrastradas desde antes del inicio de la pandemia. 

Efectivamente, aunque en nuestro entorno, tenemos como como referencia la dieta mediterránea muy saludable para el organismo y el sistema inmune, el problema actual es que apenas se sigue por la inmensa mayoría de la población. Era, sin duda, la   mejor forma  de comer en el pasado cuando el trabajo requería  grandes esfuerzos físicos cosa que no ocurre en la actualidad, cuando apenas gastamos energía en nuestra escasa  actividad  debido a la  automatización y digitalización en todo lo que realizamos, muchas veces sentados frente a un computador o ayudados por maquinaria impulsada por gasolina o electricidad. 

Esto quiere decir que la dieta mediterránea tradicional de muchos siglos, tiene que ajustarse a los requerimientos actuales donde, apenas realizamos actividad física. Por ello, los alimentos  más energéticos, como la grasa y azúcares, deben reducirse de nuestro plato drásticamente, pues nuestro cuerpo apenas se mueve y lo que hace es almacenarlos en forma de grasa en los panículos adiposos en la barriga, los hombres y  caderas en las mujeres, en lo que llamamos obesidad. 

El problema principal de los tejidos grasos, no es estético, ni incluso de peso, el problema es que son  una fuente inagotable de sustancias pro-inflamatorias, como el  TNF-α,   que de manera permanente dañan a todo el cuerpo y distorsiona la función del sistema inmune. Pues, la inflamación es buena y saludable cuando se presenta de manera puntual para librarnos de algún “enemigo”, pero por contra es una amenaza cuando se hace  permanente, pues distorsiona sobremanera las defensas y la actividad  metabólica del organismo hasta incluso contribuir a la conocida tormenta de citocinas que marca la gravedad de la infección por el coronavirus actual (Figura AF-1). 

Se piensa que la causa de una dieta, no siempre saludable, puede estar en la permisividad en las familias, pues se les suele dar mucha azúcar a los niños para premiarlos, o se les lleva a una hamburguesería para celebrar los cumpleaños, e incluso promocionada por una presión constante de la  industria en su afán de aumentar las ventas.

Alimentación en la COVID -19

Si la alimentación de la sociedad actual  no era buena antes de la pandemia, ahora con los problemas que trae el coronavirus, la alimentación no ha mejorado, todo lo contrario ha empeorado según todos los datos de que disponemos.

Esto es una mala noticia, pues ahora lo óptimo sería tener una alimentación  verdaderamente saludable que apoye la salud y  en particular al sistema inmune para que garantice un nivel óptimo de defensa frente al SARS-CoV-2 e incluso que nos fortalezca cara a una posible vacuan. Sin embargo esto no es así, pues muchas personas optan por alimentos poco saludables y más económicos. 

Esto lo demuestra el aumento en las ventas de productos ultraprocesados, considerados  muy atractivos por su precio y amplia disponibilidad, pero que no son nada saludables. También, durante la pandemia, están aumentando en un alto porcentaje las ventas de bocadillos y aperitivos, así  cómo el consumo de comida rápida y además se está comiendo mayores cantidades de alimentos, debido a que para muchas personas, comer se ha convertido en un escape del aburrimiento.  

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha realizado una encuesta recientemente para conocer cómo está afectando la pandemia a los hábitos de compra de alimentos por  los consumidores. En ella se concluye que el 35% de las personas desperdician menos alimentos y compra más dulces y aperitivos,  que un 37% de los hogares consumen más comida,   que están comiendo el  20% comen de manera  menos  saludable y que el 35% de los encuestados reconoce que compra más aperitivos dulces. 

Esto explica cómo insisten muchos investigadores dedicados a la salud pública, como el epidemiólogo Miguel Á.  Martínez-González, que opina que  “La pandemia de la obesidad, dentro de la pandemia COVID-19, puede ser  peor que la del coronavirus en sí mismo” como se concluye por los datos de esta pandemia, que las personas más obesas son más proclives a contagiarse del SARS-CoV-2  y que  en ellas la enfermedad es más severa. 

¿Cómo beneficia o perjudica  al S. Inmune  lo que comemos  en la COVID-19?

De entrada, decir que la dieta más beneficiosa  para el sistema inmune es la que mantiene un equilibrio entre los alimentos ricos en oligoelementos (proteínas, carbohidratos y grasas) pero que además contienen suficientes cantidades  de polifenoles, vitaminas, minerales y agua. Todo ello se consigue tomando alimentos variados cada día y cantidades moderadas de los mismos. 

Las proteínas son esenciales para el sistema inmune puesto que son clave en la formación de anticuerpos y muchas  estructuras celulares y de inmunomoduladores. Entre los alimentos ricos en proteínas, y a la vez bajos en grasas, se  encuentran la pechuga de pollo, clara de huevo, bacalao y atún pero hemos de saber también  que las legumbres son también una fuente magnífica de proteínas (Figura 2 ).

Los hidratos de carbono aportan  energía a las células del sistema  inmune para mantener su trabajo defensivo a diario.  Pero no es bueno abusar de ellas puesto que tienen una alta capacidad proinflamatoria (al igual que las grasas que veremos después). Esto ha sido demostrado por muchos investigadores, entre ellos el Dr. Thorburn et al., 2014, que confirma en la prestigiosa revista Cell, que tomar estos alimentos (grasas y carbohidratos) en exceso  hace que la respuesta inmunitaria adquiera un comportamiento muy agresivo, como si de una infección se tratara, pero en este caso  en ausencia de microbios (Figura  A-3). 

Las grasas también aportan energía  al cuerpo y al sistema inmune pero no es  saludable  tomarlas  en exceso pues la baja actividad de las personas antes y durante la pandemia hace que no se utilice, con lo cual se almacena en los panículos adiposos desde donde crean una situación  proinflamatoria nada saludable. En todo caso la joya de la alimentación mediterránea es una grasa líquida: el aceite de oliva, que es el más saludable de los alimentos que tomamos   pues no solo tienen ácidos grasos insaturados de mucha calidad sino que también tiene otros componentes antioxidantes y antiinflamatorios que aportan grandes beneficios al organismo (Figura  A-4 ).

Vitaminas y sistema inmune

Durante la pandemia se han notificado deficiencias de vitaminas y esto es grave puesto que son compuestos esenciales e imprescindibles para la vida, al intervenir en muchos procesos metabólicos, incluidos los propios de las defensas. Por ello deben aportarse necesariamente al organismo en lo que comemos  ya que no se pueden sintetizar por el cuerpo en las cantidades que necesita.  

Los beneficios de las vitaminas para  el sistema  inmune se deben a sus acciones de tipo antioxidante  y por  actuar en múltiples procesos metabólicos de las células  inmune.  En todo caso creemos que los suplementos de vitaminas no son necesarios en la vida normal si se sigue una dieta equilibrada. Es más, si se toman de manera descontrolada puede ser perjudiciales, por ello si se timan deben de hacerse bajo prescripción facultativa.  Sin embargo en la situación de emergencia inmune actual por la pandemia, el uso de ciertas vitaminas como la vitamina D, muy relacionada con la función inmune puede ser recomendada  siguiendo un estricto asesoramiento y supervisión sanitaria. 

Vitamina C. 

Esta vitamina posee, además de una acción  antioxidante, la capacidad de  inducir la formación de Interferón-α (IFN-α) por las células inmunes, que sabemos es esencial facilitado la acción defensiva frente al SARS-CoV-2 desde el mismo comienzo de la infección, por lo que su déficit está asociado con una mayor gravedad de la COVID-19. La alta solubilidad de este vitamina, hace que su absorción intestinal sea inmediata lo que hace que  cuando se toma se produzca una sensación de bienestar inmediata, esto explica que la sabiduría popular le tenga tanta estima en casos resfriados y gripe. Los fumadores y las personas que abusan del alcohol, presentan  dificultad para su  absorción intestinal. Se en cítricos:naranjas, pomelos, limones, moras, arándanos, sandía, brócoli, kiwis y pimientos, que deben de tomarse frescos porque esta vitamina se degrada por oxidación en contacto con el aire durante el almacenamiento hasta incluso en un 80% de su capacidad antioxidante (Figura  A-5). 

Vitamina A.  

Además de su potente acción antioxidante, esta vitamina colabora en el mantenimiento de la integridad de las mucosas tan importantes como barrera defensiva frente a la entrada del coronavirus. De ahí que, al ser la mucosa la puerta de entrada de este virus,  su carencia se asocia a una mayor susceptibilidad y gravedad de frente a infecciones. Se encuentra sobre todo en vegetales que contengan beta-carotenos (pimientos, zanahorias, tomates, espinacas, lechuga etc.) y también en otros alimentos como hígado, pescados azules, leche, yema de huevo y mantequilla (Figura  A-5 ). 

Vitamina E 

Posee como  acción fundamental la de actuar como antioxidante muy potente pero también  tiene efectos antiinflamatorios de gran valor. Se encuentra en aceites, aguacates, frutos secos (almendras y nueces), semillas de girasol (“pipas”) y  en hortalizas de hojas verdes (brócoli o espinaca) (Figura A-6  ). 

 Vitamina D 

Desde antiguo, se ha venido asociando sólo con el desarrollo de los huesos, pero hoy sabemos que juega un papel esencial en la prevención de enfermedades infecciosas debido a su acción beneficiosa sobre el sistema inmune.

Se adquiere de manera natural por la piel debido a  los efectos de la  luz  ultravioleta pero también, aunque en menor escala,  por muchos alimentos como pescados grasos,  aceite de hígado de  bacalao, atún, caballa, salmón, arenque, sardina, hígado de ternera y productos lácteos. Hemos de saber que cuando tomamos leche semi o desnatada no estamos tomando todas las cantidades de las vitamina A y D, debido a que son liposolubles hace que  la mayor parte se eliminen  con la grasa que se retira de la leche. También, los protectores solares bloquean el efecto de los rayos ultravioleta  sobre la piel lo que hace que no se forme  esta vitamina.

Últimamente científicos de Córdoba, dirigidos por el  Dr. José M. Quesada y el Prof. J. Lopez Miranda, han publicado un trabajo de sumo interés en la revista "J Steroid Biochem Mol Biol. 2020 en el que demuestran  cómo el uso del Calcifediol, un metabolito principal del sistema endocrino de la vitamina D,  reduce en un 97% el riesgo de ingreso en UCI de pacientes más graves de COVID-19”. Esto indica que la administración de calcifediol en pacientes con COVID-19 podría ser una opción terapéutica de éxito, pues también estos datos han demuestra que la administración de una dosis elevada de Calcifediol a redujo significativamente la necesidad de ingreso en la UCI. Esta conclusión va en línea  con los resultados en la misma línea  publicados en la revista PLOS One recientemente.

Minerales y sistema inmune COVID-19

Para poder sobrevivir sanos necesitamos tomar una gran cantidad de minerales, lo que hace que deban de formar parte de los alimentos que tomamos. Ahora bien, algunos de ellos, zinc, selenio, hierro y cobre, son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema inmune, por lo que debemos de tomar los alimentos que los contienen  si queremos mantener  un sistema inmune fuerte y eficaz, sobre todo en estos tiempos de pandemia. El zinc, selenio y cobre lo son por  por sus acciones antioxidantes y antiinflamatorias y además por ser imprescindibles en multitud de reacciones  enzimáticas necesarias para la formación de nuevas proteínas, como los anticuerpos que nos defenderán del coronavirus. El zinc en concreto, es indispensable para la división y crecimiento de leucocitos y el cobre porque facilita la producción en el timo de linfocitos y por tanto provee al organismo de suficientes células inmunocompetentes. El hierro es un mineral esencial para la proliferación y la maduración de las células inmunitarias por tanto su presencia fortalece las defensas frente a los virus. Su déficit hace descender  el número de  leucocitos, así como su capacidad  neutralizadora de virus y otros patógenos (Figura  A-7). 

Polifenoles y Sistema Inmune 

Estas sustancias se encuentran en  plantas y muchos alimentos a los que le dan olor y sabor pero además son potentes   antioxidantes naturales con efectos  muy beneficiosos para el sistema inmune. Uno de ellos es el Oleodenthal  que se encuentra en el aceite de oliva y otro es el Resveratrol presente en el vino tinto. 

Aminoácido Glutamina y Sistema Inmune 

Este aminoácido  actúa como  antioxidante y como fuente de energía, alternativa a la glucosa,  lo que le hace clave para el crecimiento y diferenciación de las células del sistema inmunológico. Esto explica que su déficit sea la causa  de una mayor susceptibilidad a infecciones por defectos  funcionales de linfocitos.  Es importante saber que al cocinar a altas temperaturas los alimentos   pierden este aminoacido. 

Agua en la dieta y Sistema Inmune 

Cuando un cuerpo está hidratado todo funciona bien, incluido el sistema inmune, por ello, el beber suficiente cantidad de agua, unos dos litros/día mínimo,  es  sustancial para el cuerpo que es un 70 %  líquido, que es el medio en donde  se realizan todas  las reacciones que mantienen  la vida, incluidas   las del sistema inmune (Figura  A-8 ). Además de  mantener húmedas las mucosas es sustancial porque, de esta manera, cuando respiramos se atrapan gérmens en las vías respiratorias antes de que lleguen a los pulmones. Hemos de saber que los niños necesitan mayor cantidad de agua por día que los adultos y que los ancianos  necesitan beber incluso  sin tener sensación de sed debido a que en ellos la necesidad de beber está muy disminuida. 

Finalmente,  se incluye un esquema representativo de los alimentos propios de la dieta mediterránea con indicación de lo que se debería tomar en cada comida y cada día, semana y solo a veces. También lo que NO se debe de tomar y una  MESA FAMILIAR comiendo y dialogando, algo que se va perdiendo desgraciadamente en nuestro tiempo por prisas u otros quehaceres (Figura A-9 ). 

En resumen,  debemos priorizar  el tomar alimentos ricos en proteínas, verduras y frutas de manera muy variada para garantizar un buen aporte de nutrientes y de vitaminas, minerales y antioxidantes. Para ello no debe faltar en las comidas, el pescado, verduras, aceite de oliva y fruta fresca y recordar lo que decía  el célebre médico cordobés, Maimónides en el siglo XII: “El médico sabio no cura con medicamentos mientras pueda hacerlo con una dieta adecuada”.

 

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